Entradas populares
-
Me rindo………. Me rindo….. Debo confesar que estoy conquistado, ahora más que nunca entiendo el vini, vidi, vici de Julio Cesar que a mi enten...
-
. Llevo glaucoma en los ojos Y silencio en la palabra; De ambos pies camino cojo; Llevo el infierno en mi alma Cual si yo fuese un demonio. ...
-
...Y vendra la lluvia Y nos azotara el viento ...
-
En estos días y a lo mejor por la tristeza y la melancolía de este mes, he venido teniendo sueños recurrentes un tanto extraños. Anoche soña...
-
Se arrodilló en el pretil del anden y con dolor infinito fue recogiendo uno a uno los pedazos y depositándolos con ternura y cuidado en una ...
-
DESIDERATA :: Historia de un poema hecho canción:: Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en la paz que se puede encontrar en ...
-
Vaya Chile que demostración de coraje, que demostración de valor, que demostración de unidad y de amor autentico. Cuanto orgullo tendrán don...
-
Ese día se levanto temprano, salio de su habitación quedito, no quería que nadie se diera cuenta que se estaba preparando para irse. Puso un...
sábado, 20 de agosto de 2011
ROSARIO CASTELLANOS
Semblanza
Nació en la ciudad de México el 25 de mayo de 1925, y murió en Tel Aviv, Israel, el 7 de agosto de 1974. Recién nacida fue llevada a Comitán, Chiapas, la tierra de sus mayores. Ahí hizo sus estudios primarios y dos de secundaria. Regresó a la capital a los dieciséis años. Se graduó de maestra en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1950; más tarde, en la Universidad de Madrid, llevó cursos de estética y estilística. A su regreso a México fue promotora de cultura en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, en Tuxtla Gutiérrez (1952). De 1954 a 1955, con la beca Rockefeller escribió poesía y ensayo. De 1956 a 1957, trabajó en el Centro Coordinador del Instituto Indigenista de San Cristóbal las Casas, en Chiapas; en el Indigenista de México, de 1958 a 1961, fue redactora de textos escolares. De 1961 a 1966 desempeñó la jefatura de Información y Prensa en la UNAM, bajo el rectorado del doctor Ignacio Chávez, e impartió las cátedras de literatura comparada, novela contemporánea y seminario de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad, de 1961 a 1971. Ejerció con gran éxito el magisterio, en México y en el extranjero; en los Estados Unidos como maestra invitada por las Universidades de Wisconsin y Bloomington, los años de 1966 y 1967, y en Israel, en la Universidad Hebrea de Jerusalem, desde su nombramiento como embajadora de México en ese país, en 1971, hasta su muerte.
Destino
Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.
El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.
Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.
El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
—antes que lo devoren— (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.
Dos elegías breves
Al pie de un sauce, triste Narciso de las aguas,
o cerca de una roca inexorable
quiero dejar mi cuerpo
como el que deja ropas en la playa.
Ay, mis brazos, guirnaldas desceñidas,
ay, mi cintura quieta entre las danzas.
No soy de los que exprimen
su corazón en un lugar violento.
Soy de los que atestiguan
la belleza y la muerte de la rosa.
II
Si pudiera mirarte, bella tan sólo, rosa,
y detener mis ojos largamente en tus pétalos
como una sed que duerme a la orilla de un río.
Si te mirara sólo, sin amarte,
con este amor convulso y desgarrado
de quien siente tu fuga irrevocable.
Ah, si yo no quisiera disecarte,
amarilla, en las páginas herméticas de un libro
con el afán inútil del que conoce el tiempo.
El despojo
Me arrebataron la razón del mundo
y me dijeron: gasta tus años componiendo
este rompecabezas sin sentido.
No hay más. Un acto es una estatua rota.
Una palabra es sólo
la imagen deformada en un espejo.
¿Qué vas a amar? ¿Un cuerpo que se pudre
—ese pantano lento en que te ahogas—
o un alma que no existe?
¿Qué puedes esperar? El tiempo es lo continuo
y si dices “mañana” mientes, pues dices “hoy”.
Ni siquiera se muere. Algo muy leve cambia
y sigues, dura, en piedra; creciendo en vegetal
y otra vez despertando en lo que eras.
Otra vez. Otra vez.
Me dijeron: no busques. Nada se te ha perdido.
Y los vi desde lejos
ocultar lo que roban y reír.
Elegía
Nunca, como a tu lado, fui de piedra.
Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado.
La despedida
Déjame hablar, mordaza, una palabra
para decir adiós a lo que amo.
Huye la tierra, vuela como un pájaro.
Su fuga traza estelas redondas en el aire,
frescas huellas de aromas y señales de trinos.
Todo viaja en el viento, arrebatado.
¡Ay, quién fuera un pañuelo,
sólo un pañuelo blanco!
La nostalgia
Si te digo que fui feliz, no es cierto.
No creas lo que yo creo cuando me engaño.
El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.
Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo
sábado, 13 de agosto de 2011
ALFONSINA STORNI
Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.
Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Moverme para echarla.
Tan dulces dos palabras
?Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.
¡Adios!
Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!
Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!
¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!
¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
?de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ...
lunes, 1 de agosto de 2011
OJALA
Ojala que cuando acabe, acabe y tu nombre se pierda entre las piedras, ojala que renuncie a recordar tus ojos de mirar alegre y tu llamar sereno encendido de hembra en celo. Ojala pueda sacar de mi memoria tus pezones erectos apuntando a la estrella de la noche y el sudor de tu cuerpo mojando mi cama.
Ojala que nunca jamás vuelvas a mis sueños que pueda transitar indiferente el camino vehemente de tu espera, en la espera total de mis angustias, ojala. Se renuente a mis llamadas, como yo a las tuyas, cierra de una vez y por siempre la puerta de tu cuarto, que yo arrancare de sus goznes la mía y tapiare su hueco con azufre del averno.
Que el olvido venga a mi encuentro, en el encuentro final del desencuentro; Que nunca más tenga pecados nuevos para usar como al descuido, en cada beso del principio, como el jadeo final que es un principio nuevo.
Que el silencio, como orgasmo ultimo, borre de mi memoria tu nombre y, no recuerde jamás ni la lámpara apagada que en algún momento en la mesa del cuarto, sin estar encendida, alumbro con mis ojos, tu cuerpo recostado pidiendole mas al amor.
Ojala, que cuando mis lloros acaben, sea capaz, ojala, de morder mis labios, para recordar los tuyos en el inclemente olvido del ojala y del nunca.
Asdrovel Tejeda Acevedo
Ojala que nunca jamás vuelvas a mis sueños que pueda transitar indiferente el camino vehemente de tu espera, en la espera total de mis angustias, ojala. Se renuente a mis llamadas, como yo a las tuyas, cierra de una vez y por siempre la puerta de tu cuarto, que yo arrancare de sus goznes la mía y tapiare su hueco con azufre del averno.
Que el olvido venga a mi encuentro, en el encuentro final del desencuentro; Que nunca más tenga pecados nuevos para usar como al descuido, en cada beso del principio, como el jadeo final que es un principio nuevo.
Que el silencio, como orgasmo ultimo, borre de mi memoria tu nombre y, no recuerde jamás ni la lámpara apagada que en algún momento en la mesa del cuarto, sin estar encendida, alumbro con mis ojos, tu cuerpo recostado pidiendole mas al amor.
Ojala, que cuando mis lloros acaben, sea capaz, ojala, de morder mis labios, para recordar los tuyos en el inclemente olvido del ojala y del nunca.
Asdrovel Tejeda Acevedo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)