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viernes, 4 de febrero de 2011

CÉSAR SÁNCHEZ BERAS

Hermes sentado descansando, perdió la lira, Safo y Alceo por un momento creyeron tenerla y durmieron triunfantes en sus afanes, desde entonces los aedos difuminaron los versos y se perdieron en cascadas de palabras sin la música del vaivén, del sonido de la luz, del movimiento; Por breves momentos lo encontramos en algún poeta señalado con el rayo mítico de Zeus.

Si alguna vez encuentras en la letra taciturna, nostálgica, socialmente entregada y desbordando amor como quien teje una manta voladora, al poeta capaz de elevarte el espíritu con el arpa perenne de la belleza real, eres inmensamente privilegiado, pues son raros los espécimen.

Yo tengo el privilegio de conocer uno y poder llamarme su amigo y apreciar la verdad en cada uno de los ramilletes de palabras que dibujan sus versos y afirmar, sin duda ninguna cuando los leo, que el principio fue el verbo, como es el principio de la verdad sostenida en cada entrega de los manojos inmarcesibles de César Sánchez Beras.


Cuarteta para una isla




Qué cosa es una patria sin las manos

que trabajan el pan y la alborada,

sin esos ojos que en la madrugada

vigilan a los ángeles profanos.


Qué cosa es una patria sin el día

en que todos sus hijos igualmente,

tengan como símbolo en la frente

la estrella sin par de la alegría.


Qué cosa es una patria, un continente,

una isla, un barrio, un caserío…

Donde no vuele con libre albedrío


la música triunfal del inocente.

Qué cosa es la paz y la quimera

sin el sudor bendito del martillo.

O sin el sol que brinda con su brillo

la luz que no sabe de frontera.

Qué cosa es una patria sin los sueños

tejidos en la fe de las trincheras.

Cuando miramos las nuevas palmeras

que brotan con el nombre de los dueños.


Qué cosa es la patria cuando el llanto

hace del corazón su última grieta.

y se acomoda en la silla del poeta

para que el mundo se quede sin su canto.


Porque la vida no conoce el muro

que se levanta entre el otro y el que soy,

bajo las alas de pasado voy

construyendo la patria del futuro.


Diáspora


La diáspora es un pedazo

de la patria itinerante,

es un pueblito colgante

debajo de cada brazo

que mira desde el ocaso

la mañana que delira,

cuando el Caribe suspira

por aquel que vive lejos.

La Diáspora, son espejos,

donde la patria se mira.





Cuando ella besa

Ella puso su lumbre sobre mi boca hueca

y se llenó mi sangre de pájaros y soles,

ella sembró de nidos los ojos de la lluvia

y de mis manos toscas brotaban caracoles.

Ella puso su lengua sobre la nueva herida

y se rasgó en fulgores mi vieja cicatriz,

su lámpara cantaba una canción marina

con estrofas de algas, de peces y de raíz.

La noche se quemaba en sus ojos de ángel

mientras su boca hurgaba mis nuevos aquelarres

con la llave de un sueño que vive en la otra edad.

Su dicha era una bruja que con ojos vendados

desataba en mi boca los últimos conjuros

con una lluvia nueva nacida de los pájaros.




Cuando ella besa


Ella puso su lumbre sobre mi boca hueca

y se llenó mi sangre de pájaros y soles,

ella sembró de nidos los ojos de la lluvia

y de mis manos toscas brotaban caracoles.

Ella puso su lengua sobre la nueva herida

y se rasgó en fulgores mi vieja cicatriz,

su lámpara cantaba una canción marina

con estrofas de algas, de peces y de raíz.

La noche se quemaba en sus ojos de ángel

mientras su boca hurgaba mis nuevos aquelarres

con la llave de un sueño que vive en la otra edad.

Su dicha era una bruja que con ojos vendados

desataba en mi boca los últimos conjuros

con una lluvia nueva nacida de los pájaros.







En el fondo



Te pido que me quieras como yo soy por dentro

que atravieses resuelta la epidermis inmunda,

que igual como quien busca en las aguas profundas

descorras mis cortinas, que me enturbies el fondo.

Te pido que me veas en el cristal más hondo

que quites las escamas que bosquejan mi ser,

que destejas mi sombra, que me quites la piel

que quites las escorias del metal que yo soy.

Te pido que esta vez abandones la orilla,

que me laves el fango, que descifres mi arcilla,

que transiten tus manos mi costado sediento...

Y verás que en el fondo de mí mismo, un espejo

repite con su luz en múltiples reflejos,

tus ojos que me miran en el que soy por dentro.



Poema 2




No tuve otro camino que no fuera

la agonía de las algas que perecen

bajo las velas azules de los muelles

frente a los soles quebrados de septiembre

me fue preciso

locura adentro quitarme las gaviotas

callar el orfeón que va en la sangre

negarle a mis vísceras la rabia

reconstruir la palabra sortilegio

no tuve otro camino que no fuera

devolverle mis pasos a tu olvido

subirme al antifaz

endurecerme

desmontar los dioses que se erigen

en el mágico preludio de las sombras.

César Sánchez Beras

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