NO ES QUE LA MUERTE
No es que la muerte sea
Casa de segundo plano
plato de segunda fila
Que no le demos la importancia que tuvo
Simplemente no nos impone
Un respeto tan grande
Ni sabemos ni por que cempasúchil
Simplemente no nos arrodillamos
Simplemente le invitamos su trago
Le ponemos su disco
De sabina
Y amanece borracha con nosotros
Y se peina y se va.
LA OTRA
Agarrar a la sombra por los hombros.
Encararla.
Decirle sombra que eres mía.
Argumentar con ella. Escuchar sus razones
Oscuras.
Pulir los argumentos
Y tratar de que adopte nuestra cara.
Poco a poco
Convencer a la sombra de volverse un espejo.
Y luego darse cuenta de que no tiene caso
El esfuerzo invertido ( ni el precio del espejo)
Porque al pasar el tiempo nos desaíra la sombra.
Porque tanta insistencia. Durante tanto tiempo,
La fue volviendo noche. Y desaparecemos
Cuando lo cubre todo.
DOMINGO
Conozco a una mujer abierta por abajo.\
Se le hace agua la boca
Entre las piernas.
Me da la espalda pero no se aleja.
Nos volvemos a ver y se derrama.
Revuelve su cabello entre mi frente.
Parece que tuviera siete dedos
En una sola mano.
Sin ella no serviría el domingo.
No flotarían los barcos en la fronda del agua.
Conozco a una mujer abierta por abajo.
Ya tendría que comprar más espejos.
TU VOZ DENTRO DE MIS PALABRAS
Por qué no te desnudas las manos.
Por qué no me atraviesas con la boca.
Dentro de estas paredes el mundo se completa,
Muerde a la tierra el mar y el viento
Le estremece la espalda, el arco donde el sol
Hunde sus manos. Saliva extensa, intensa,
Sudor, noche y planeta. Por qué no me separas
Los dedos con tu boca, las piernas con la llamarada
Flexible y negra de tu cabellera.
Viájame por la sal, aprieta mis raíces.
No existiremos luego
Y no existimos antes. Súbete en los colores
Del día que va emergiendo. Abraza al bosque entero
Y cúmplete en un vuelo desplegado. Combina el filo
Entre la muelle densidad del agua.
Yedra tu corazón y que la vida estalle
Y la respiración
Sacuda su estructura y se desencadene.
Mira cómo me muevo entre tus brazos.
En tus manos desnudas, plenamente desnudas,
Con la voz sin ropaje y el gemido
Que tus labios retienen en mi boca.
Cierro mis ojos dentro de los tuyos.
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miércoles, 25 de mayo de 2011
sábado, 7 de mayo de 2011
LUIS CERNUDA
Donde Habite El Olvido
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
He Venido Para Ver
He venido para ver semblantes
Amables como viejas escobas,
He venido para ver las sombras
Que desde lejos me sonríen.
He venido para ver los muros
En el suelo o en pie indistintamente,
He venido para ver las cosas,
Las cosas soñolientas por aquí.
He venido para ver los mares
Dormidos en cestillo italiano,
He venido para ver las puertas,
El trabajo, los tejados, las virtudes
De color amarillo ya caduco.
He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
He venido para esperarte
Con los brazos un tanto en el aire,
He venido no sé por qué;
Un día abrí los ojos: he venido.
Por ello quiero saludar sin insistencia
A tantas cosas más que amables:
Los amigos de color celeste,
Los días de color variable,
La libertad del color de mis ojos;
Los niñitos de seda tan clara,
Los entierros aburridos como piedras,
La seguridad, ese insecto
Que anida en los volantes de la luz.
Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo.
No Decía Palabras
No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
He Venido Para Ver
He venido para ver semblantes
Amables como viejas escobas,
He venido para ver las sombras
Que desde lejos me sonríen.
He venido para ver los muros
En el suelo o en pie indistintamente,
He venido para ver las cosas,
Las cosas soñolientas por aquí.
He venido para ver los mares
Dormidos en cestillo italiano,
He venido para ver las puertas,
El trabajo, los tejados, las virtudes
De color amarillo ya caduco.
He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
He venido para esperarte
Con los brazos un tanto en el aire,
He venido no sé por qué;
Un día abrí los ojos: he venido.
Por ello quiero saludar sin insistencia
A tantas cosas más que amables:
Los amigos de color celeste,
Los días de color variable,
La libertad del color de mis ojos;
Los niñitos de seda tan clara,
Los entierros aburridos como piedras,
La seguridad, ese insecto
Que anida en los volantes de la luz.
Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo.
No Decía Palabras
No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.
La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Auque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.
domingo, 17 de abril de 2011
LLOVÍA
Llovía a cantaros con una intensidad de cien mil demonios en un aquelarre impenitente. Sentado en una vieja mecedora, con rechinante balancín, leía viejos apunte de amor. - En cada cuadrante de mi corazón encendí una vela blanca, para velar la pena de tu ausencia, en cada resquicio de mi alma, sembré geranios rojos y selle mis labios con fuego, para no mencionar tú nombre.
La lluvia crecía en intensidad acompañada de fuertes vientos que arremetían las contraventanas en un caos de sonidos belicosos. - En el pretil de mi alma subiendo la escala de la desdicha, cómo el uno, el once, el cincuenta y seis o el sesenta y cinco, creciente como la luz del sol al mediodía, la espera de esperarte, desespero mi espera. Seguía leyendo de sus viejos apuntes.
El sonido de un trueno en la distancia y la brumosa oscuridad de la tormenta, atormentando su alma. - Recojo una a una todas las letras, los puntos y las comas y con tu nombre reinvento cada verbo y cada oración y en cada oración pido el verbo de tu presencia en esta ausencia infinita del vacío, de mi vacío.
Levantó su vista, cómo mirando al infinito, dejo las notas encima de la mesilla y parsimoniosamente se levantó de la mecedora, cruzó la habitación con pasos lentos, se acerco a la puerta de entrada, abriéndola y, contempló el refulgente sol del mediodía, desde su corazón, enloquecido por la lluvia de la pena.
Asdrovel Tejeda Acevedo
La lluvia crecía en intensidad acompañada de fuertes vientos que arremetían las contraventanas en un caos de sonidos belicosos. - En el pretil de mi alma subiendo la escala de la desdicha, cómo el uno, el once, el cincuenta y seis o el sesenta y cinco, creciente como la luz del sol al mediodía, la espera de esperarte, desespero mi espera. Seguía leyendo de sus viejos apuntes.
El sonido de un trueno en la distancia y la brumosa oscuridad de la tormenta, atormentando su alma. - Recojo una a una todas las letras, los puntos y las comas y con tu nombre reinvento cada verbo y cada oración y en cada oración pido el verbo de tu presencia en esta ausencia infinita del vacío, de mi vacío.
Levantó su vista, cómo mirando al infinito, dejo las notas encima de la mesilla y parsimoniosamente se levantó de la mecedora, cruzó la habitación con pasos lentos, se acerco a la puerta de entrada, abriéndola y, contempló el refulgente sol del mediodía, desde su corazón, enloquecido por la lluvia de la pena.
Asdrovel Tejeda Acevedo
domingo, 10 de abril de 2011
DULCE MARÍA LOYNAZ
A la del amor más triste
Tú, que amas un amor fantasma
Y que das un nombre a la niebla,
A la ceniza de los sueños...
Tú, que te doblas sobre ti
Misma como el sauce se dobla
Sobre su sombra reflejada
En el agua... Tú, que te cierras
Los brazos vacíos sobre el
Pecho y murmuras la palabra
Que no oye nadie, ven y enséñame
A horadar el silencio,
A encender, a quemar la soledad...
Agua escondida
Tú eres el agua oscura
Que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
Que va corriendo bajo la tierra,
Ignorada del sol,
De la sed de los que rastrean la tierra,
De los que ruedan por la tierra.
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
Geográfico; tú eres la frescura intocada,
El trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
De esta frescura mía que tú eres, de esta agua
Honda que tú has sido siempre,
Sin alcanzar a ser más nada que eso;
Agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!
Balada del amor tardío
Amor que llegas tarde,
Tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
Camino llegas a mi soledad?
Amor que me has buscado sin buscarte,
No sé qué vale más:
La palabra que vas a decirme
O la que yo no digo ya.
Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
Lejana... -No me des tus rosas frescas;
Soy grave para rosas. Dame el mar.
Amor que llegas tarde, no me viste
Ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
Hoy no me hagas llorar.
Canción del amor olvidado
Para el amor más olvidado
Cantaré esta canción:
No para el que humedece los ojos todavía...
Ni para el que hace ya
Sonreír con un poco de emoción...
Canto para el amor sin llanto
Y sin risa;
El que no tiene una rosa seca
Ni unas cartas atadas con una cinta.
Sería algún amor de niño acaso...
Una plaza gris... Una nube... No sé.
Para el amor más olvidado cantaré.
Cantaré una canción
Sin llamar, sin llorar, sin saber...
El nombre que no se recuerda
Pudo tener dulzura.
Canción sin nombres
Quiero cantarte
Mientras la noche dura.
Cantar para el amor que ya no evocan
Las flores con su olor
Ni algún vals familiar...
Para el que no se esconde entre cada crepúsculo,
Ni atisba ni persigue ni vuelve nunca más.
Para el amor más olvidado
-El más dulce-,
El que no estoy segura de haber amado.
Tú, que amas un amor fantasma
Y que das un nombre a la niebla,
A la ceniza de los sueños...
Tú, que te doblas sobre ti
Misma como el sauce se dobla
Sobre su sombra reflejada
En el agua... Tú, que te cierras
Los brazos vacíos sobre el
Pecho y murmuras la palabra
Que no oye nadie, ven y enséñame
A horadar el silencio,
A encender, a quemar la soledad...
Agua escondida
Tú eres el agua oscura
Que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
Que va corriendo bajo la tierra,
Ignorada del sol,
De la sed de los que rastrean la tierra,
De los que ruedan por la tierra.
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
Geográfico; tú eres la frescura intocada,
El trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
De esta frescura mía que tú eres, de esta agua
Honda que tú has sido siempre,
Sin alcanzar a ser más nada que eso;
Agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!
Balada del amor tardío
Amor que llegas tarde,
Tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
Camino llegas a mi soledad?
Amor que me has buscado sin buscarte,
No sé qué vale más:
La palabra que vas a decirme
O la que yo no digo ya.
Amor... ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
Lejana... -No me des tus rosas frescas;
Soy grave para rosas. Dame el mar.
Amor que llegas tarde, no me viste
Ayer cuando cantaba en el trigal...
Amor de mi silencio y mi cansancio,
Hoy no me hagas llorar.
Canción del amor olvidado
Para el amor más olvidado
Cantaré esta canción:
No para el que humedece los ojos todavía...
Ni para el que hace ya
Sonreír con un poco de emoción...
Canto para el amor sin llanto
Y sin risa;
El que no tiene una rosa seca
Ni unas cartas atadas con una cinta.
Sería algún amor de niño acaso...
Una plaza gris... Una nube... No sé.
Para el amor más olvidado cantaré.
Cantaré una canción
Sin llamar, sin llorar, sin saber...
El nombre que no se recuerda
Pudo tener dulzura.
Canción sin nombres
Quiero cantarte
Mientras la noche dura.
Cantar para el amor que ya no evocan
Las flores con su olor
Ni algún vals familiar...
Para el que no se esconde entre cada crepúsculo,
Ni atisba ni persigue ni vuelve nunca más.
Para el amor más olvidado
-El más dulce-,
El que no estoy segura de haber amado.
GOTAS DEL SABER
Bacante: Técnicamente las bacantes eran las mujeres griegas que adoraban al dios Baco, pero luego su nombre se uso también para hacer referencia a las grandes fiestas que se organizaban en todo el mundo romano en honor a este mismo dios, aunque también se usaba el termino bacanales para referirse a estos días de absoluto desenfreno donde el vino ocupaba un lugar privilegiado. Tal era el descontrol en estas fiestas que el Senado romano prohibió la celebración de estos ritos y sus excesivos banquetes a principios del siglo II A.C. Pese a la prohibición las bacantes o bacanales se siguieron celebrando con más o menos intensidad, dependiendo de la rigidez del control sobre el cumplimiento de la ley, hasta derivar en los carnavales que hoy día vemos en muchas ciudades del mundo entero.
Cathedra: Silla sin reposabrazos con respaldo ligeramente curvo. Al principio solo la usaban las mujeres, por considerarla demasiado lujosa, pero pronto su uso de extendió también a los hombres. Era usada luego por los jueces para impartir justicia o por los profesores de retorica clásica. De ahí la expresión “hablar ex Cathedra”.
Hetera: o hetaira era una cortesana o prostituta de lujo en Grecia y, por extensión de su cultura en todo el mundo helenístico. Eran damas de compañía que además de hermosas estaban educadas en literatura, música o danza. Normalmente ejercían esta actividad extranjeras o antiguas esclavas. Su importancia social era grande, siendo las únicas mujeres que podían asistir a los simposios o banquetes griegos y sus opiniones eran respetadas. Hay quien ha querido ver en las heteras una forma de vida similar a la de las geishas japonesas.
Cathedra: Silla sin reposabrazos con respaldo ligeramente curvo. Al principio solo la usaban las mujeres, por considerarla demasiado lujosa, pero pronto su uso de extendió también a los hombres. Era usada luego por los jueces para impartir justicia o por los profesores de retorica clásica. De ahí la expresión “hablar ex Cathedra”.
Hetera: o hetaira era una cortesana o prostituta de lujo en Grecia y, por extensión de su cultura en todo el mundo helenístico. Eran damas de compañía que además de hermosas estaban educadas en literatura, música o danza. Normalmente ejercían esta actividad extranjeras o antiguas esclavas. Su importancia social era grande, siendo las únicas mujeres que podían asistir a los simposios o banquetes griegos y sus opiniones eran respetadas. Hay quien ha querido ver en las heteras una forma de vida similar a la de las geishas japonesas.
miércoles, 30 de marzo de 2011
OCTAVIO PAZ / Piedra de Sol
"voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,
tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,
voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina,
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
(...)
amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
............................el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen
Continua............
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,
tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,
voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina,
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
(...)
amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
............................el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen
Continua............
viernes, 18 de marzo de 2011
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